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Conejo a la cazadora

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Hoy uno piensa en carne y vienen a la mente la res, el cerdo y poco más.

Don Mario Mejía Gutiérrez, estudioso de los huertos ancestrales, enseña que en la América indígena se cultivaba para la casa, la comunidad y también para dejarle a los animales salvajes.  Habiendo literalmente cientos de especies alrededor, era lógico alimentarlos, aquerenciarlos, y después comer algunos de ellos.  Queremos mencionarlo para recalcar un hecho: siempre hubo una oferta grande y variada de proteína animal en América.  Quizás esa era una de las razones por las que los indios eran sanos y de alta estatura.  Después llegó el hombre europeo, con sus perros y sus gatos y el equilibrio cambió.

Una carne como la del conejo es varias veces más eficiente, ecológicamente hablando, que una de res.  No sabemos si a los criados en granjas les apliquen antibióticos y hormonas como a las vacas o a los pollos, pero podría ser un poco menos contaminada.  Para los carnívoros, es una carne de buen sabor y nutritiva que vale la pena probar.

Ingredientes:

  • 1 conejo cortado en piezas
  • 8 dientes de ajo machacados
  • 1 cebolla blanca picada
  • 1 pimentón grande cortado en tiritas
  • 1 taza de vino blanco
  • 1 cucharada de orégano seco
  • 1 hoja de laurel
  • agua
  • sal marina
  • pimienta

 

Preparación:

Rehoga las piezas de un conejo entero en una olla o una sartén honda con un poquito de aceite de oliva. 

Déjalo dorar con el ajo.  Baja un poco el fuego y agrega la cebolla, el pimentón y el orégano, el laurel, la sal y la pimienta.  Cubre con agua y una taza de vino blanco.  Deja conservar por al menos 20 minutos o hasta que ablande.

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Director Médico de Vitapp.

Médico de la Universidad del Rosario de Bogotá. Dedicó 9 años de su vida a la investigación en el área de la Inmunogenética y la Biología Molecular, en Harvard.

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